Realizada por Sebastian Garcia

Viaje al horror cósmico
Desde la maestría que mostraron con Resogun, juegazo que salvó árido lanzamiento de PS4, hasta la gota gorda que transpiramos con Returnal, Housemarque dejó marca (no pun intended), uno de mis estudios favoritos y la mejor compra de Sony en años. Ahora vuelve al ruedo con Saros, una bestia que hereda todo el ADN de ese ballet de balas de Returnal, pero le agrega una capa de piedad que muchos van a agradecer. Esto es una muestra de cómo el estudio opera a plena potencia, puliendo cada arista que molestaba en el pasado. Saros es el abrazo que necesitábamos después de tanto castigo.
Carcosa: un destino turístico con paisajes, arquitectura y bocha de terror cósmico
Nos metemos en las botas de Arjun Devraj, parte de la expedición del Echelon IV, que viaja al planeta Carcosa para ver qué cornos pasó con las tres misiones anteriores, que desaparecieron sin dejar rastro. La cosa no es solo un trámite corporativo de la megacorporación Soltari; hay una búsqueda personal que nos mantiene enganchados mientras recorremos biomas que parecen sacados de una pesadilla en ruinas. La narrativa nos va soltando misiones que nos obligan a explorar lugares que se transforman con el Eclipse, una mecánica que modifica la jugabilidad, mostrándonos que Carcosa tiene una voluntad propia y bastante podrida.Además… Carcosa. El nombre ya lo dice todo si sabemos de dónde viene: los Mitos de Cthulhu, el Rey de Amarillo, toda esa literatura de horror cósmico donde el protagonista suele terminar muy mal y muy loco. Housemarque eligió ese nombre a propósito, y eso ya nos da una idea del tono que maneja este juego. Es muy difícil contar algo más sobre la historia, pese a que, a priori, su planteo dista mucho de ser “super original”. Para rematar, nuestro protagonista tiene un vínculo emocional personal con los desaparecidos, la excusa afectiva de turno. Todo suena a guion de película de sábado a la tarde. Pero la cosa es así: Housemarque sabe que el setup es genérico y lo usa como trampolín para construir algo más oscuro y más raro de lo que cualquier tráiler pudo anticipar. Hay momentos en la segunda mitad donde la historia se pone genuinamente inquietante.
Bailando entre chispazos y escudos
El combate de Saros es bullet hell en tercera persona. Eso significa que en cualquier momento puede haber doce enemigos tirando proyectiles de colores desde todos los ángulos, mientras una música que suena a pesadilla industrial nos machaca los tímpanos. Sobrevivir depende de leer esos proyectiles en tiempo real. El gran agregado respecto al antecesor es el Escudo Soltari: activándolo, podemos absorber proyectiles de ciertos colores y convertirlos en energía para un ataque devastador. Suena simple en papel y cambia todo en práctica. De repente, “esquivá o morí” se convierte en “absorbé, esquivá o morí si sos lento”. La danza es más compleja y más satisfactoria.El arsenal también está bueno: pistolas, rifles, escopetas, tecnología alien, cada una con disparo secundario y buffs que cambian según dónde estemos en el run. Algunas combinaciones son claramente mejores que otras —las escopetas brillan poco en biomas llenos de enemigos voladores, cosa que aprendimos a los golpes— y ese desbalance puede resultar frustrante si, la suerte del drop, nos deja con la herramienta equivocada justo antes del boss. No es un quilombo insalvable. Pero sí los hará renegar. Y encima, los precipicios traidores de algunos biomas, suman muertes que se sienten baratas, del tipo que generan “bronca-destruye-joystick”.
Una muerte que no nos deja durmiendo en la calle
La gran diferencia que van a encontrar es que Saros es un roguelite hecho y derecho; acá la muerte no nos quita las ganas de vivir, porque el progreso permanente es una masa. Juntamos Lucenite y Halcyon para mejorar a Arjun, subiendo la salud o el daño de los fierros que vamos encontrando por el camino para la próxima vuelta.Además, los “Carcosan Modifiers”, un sistema de dificultad que opera como una balanza: si queremos ventajas —menos daño recibido, más daño hecho— compensamos con desventajas equivalentes. O podemos desequilibrar la balanza completamente y hacer lo que se nos cante. Sentimos que el desafío es justo, adaptable a nuestro paladar y que cada fracaso nos deja un poquito más cerca de la victoria final. La brutalidad de Returnal era parte de su identidad, pero también era una pared que dejó afuera a muchos que hubieran disfrutado lo que había del otro lado. Saros demuele esa pared, pero sin que ello haga derrumbarse la casa.
Horizonte de promesas y terror del bueno
Saros es Housemarque operando en el pico de su carrera, puliendo cada detalle que nos hacía ruido en sus entregas anteriores para darnos una experiencia redonda. Mención aparte para el uso del DualSense: ya era genial en Returnal y acá repite experiencia. Exprime todas las bondades del mando, en especial las adaptativas, que se traducen en mecánicas jugables, como disparos alternativos.Por otra parte, se ve de locos en PS5, suena como los dioses gracias a Sam Slater y nos regala una historia que nos vuela el bocho con actuaciones que están a otro nivel. ¿Tiene problemas? Sí. El balance de armas puede ser caprichoso. Los precipicios traicioneros de ciertos biomas generan una dosis extra de bronca innecesaria. Y si explotan demasiado los modificadores, podrían vaciar de sentido lo que hace especial al juego. 
Pero con todo, Saros es uno de los mejores exclusivos de PS5, sin lugar a dudas. Si jugaron Returnal y lo amaron, esto les va a encantar. Si lo dejaron tirado por frustración, esta es la segunda oportunidad que necesitaban.
Es el juego que nos va a tener desvelados repitiendo el ciclo una y otra vez, hasta que Carcosa nos devuelva todas las respuestas.
DESARROLLADO POR: Housemarque
DISTRIBUIDO POR: PlayStation Studios
GÉNERO: Roguelite, Acción en tercera persona
DISPONIBLE EN: PS5
LO BUENO: El sistema de combate es una seda. Progresión permanente más justa y gratificante. La ambientación. Dirección de arte. Banda sonora.
LO MALO: Balance de armas. Precipicios traidores. Los modificadores son un arma de doble filo si se abusa.